Publicado en Newsweek por Daniel Gross. Miércoles 05 de diciembre de 2007. Núm. 1250.

Los ricos se enriquecen más debido a las fuerzas del mercado —y a decisiones muy humanas

Tsang Wing-on es quizás el criminal menos amenazador para la paz pública en Hong Kong. En enero, el hombre de 78 años de edad entró en un supermercado de barrio blandiendo un cuchillo para fruta y pidió al dependiente que llamara a la Policía. Cuando los oficiales llegaron, Tsang se rindió y confesó de inmediato. El beneficiario de la asistencia social, cuyos pagos mensuales de US$460 habían sido suspendidos, cometió el “crimen” porque pensó que admitir su culpabilidad, con la consiguiente sentencia de cárcel, le permitiría obtener cosas que ya no podía permitirse: comidas periódicas y un lugar tibio donde dormir.Tsang no está solo. Una de cada tres personas de la tercera edad en Hong Kong viven en la pobreza. En los 10 años desde que Hong Kong volvió a estar bajo la soberanía china, las estadísticas oficiales muestran que el número de “pobres que trabajan” —aquellos que obtienen menos de la mitad del ingreso medio— casi se ha duplicado. Esto, en una ciudad que alardea de un PIB de US$27,000, un floreciente mercado de valores, un nido de multimillonarios y una economía con un crecimiento anual de casi 8 por ciento durante los últimos tres años. “Mire a todos los ancianos que recolectan cartón para reciclar de los vertederos de basura”, señala John Sayer, director de Oxfam Hong Kong. “Es escandaloso”.
El problema de Tsang subraya una paradoja mundial cada vez más preocupante. En el sexto año de crecimiento sincronizado, el pastel económico global se ha expandido en un índice sin precedentes. Pero los ricos están consumiendo la mayor parte de las nuevas rebanadas. Además, están usando su poder para asegurarse de que el pastelero siga entregando los pasteles en sus puertas bordeadas en oro antes de aventurarse en los vecindarios más pobres. El aplastante crecimiento de China e India, así como el firme crecimiento de las naciones del G7, no han mejorado las cosas para todos. En todo el mundo, desde las economías más desarrolladas (como las de EE UU y Hong Kong) hasta en aquellas que se están emparejando con ellas rápidamente, la desigualdad de ingresos va en aumento. “Las personas todavía están en transición para salir de la pobreza”, afirma Thomas Piketty, catedrático de la Facultad de Economía de París y coeditor de un nuevo libro sobre la desigualdad de los ingresos. La proporción de la población mundial que vive con menos de US$2 diarios se redujo de 67 por ciento en 1981 a 47 por ciento en 2004, según el Banco Mundial (aunque hay una cantidad récord de pobres totales en Asia —aproximadamente 1.9 mil millones, o 60 por ciento de la población). También hay más ricos que nunca: el número de personas con un valor neto elevado (aquellas con más de US$1 millón en activos, exceptuando su residencia principal) fue casi de 8.3 por ciento en todo el mundo en 2006, 9.5 millones, de acuerdo con el Informe sobre la Riqueza Mundial de Capgemini. Sin embargo, la clase media dentro de las naciones se está reduciendo. “A pesar de la enorme disminución de la desigualdad entre los países, hay un importante aumento de la desigualdad dentro de los países mismos”, dice Piketty.

La división entre pobres y ricos es más impactante en las regiones que han abrazado el “turbocapitalismo”, es decir, EE UU y China. La división entre pobres y ricos de China se asemeja ahora a la de América Latina, de acuerdo con un estudio del Banco de Desarrollo Asiático publicado en agosto. El coeficiente Gini del país —la proporción de ingresos de los sectores más pobres y más ricos de la sociedad que va de cero a 1, donde 1 representa el grado más alto de desigualdad— aumentó de 0.41 en 1993 a 0.47 en 2004 y ahora se cree que está por encima de 0.5 (en EE UU, el coeficiente es de 0.46). Pero la creciente diferencia de riqueza no es sólo una función de las fuerzas incontrolables de la globalización y el cambio tecnológico, que son los elementos a los que a menudo se asignan las culpas. La desigualdad es controlable, al menos en parte, y las decisiones políticas tomadas por gobiernos cada vez más inclinados hacia la derecha y amigables con el mercado la han exacerbado en los últimos años. La lista mundial de multimillonarios está llena de magnates de los recursos que fueron ungidos por el Estado. Los regímenes fiscales menos progresivos, las políticas de privatización que canalizan recursos públicos hacia las manos de particulares y una falta de protecciones para el trabajo han ayudado a inclinar la balanza en favor de los ricos en mercados emergentes como China y Rusia. No es accidente que, aunque las diferencias de ingresos aumentan en todo el mundo, son menos pronunciadas en India (debido a las protecciones al comercio) y en Alemania (debido a los beneficios de asistencia social) que en EE UU y China.

La economía ortodoxa sostiene que la creciente desigualdad de ingresos es un subproducto inevitable y no totalmente indeseable de la globalización y el comercio. Pero dirigidas por Japón, las economías milagrosas de Asia emprendieron el vuelo después de la Segunda Guerra Mundial, al tiempo que reducían sus respectivas diferencias entre ricos y pobres. Mientras tanto, en EE UU se produjo una compresión de los ingresos entre un crecimiento relativamente constante —denominado la Gran Moderación— gracias a una entente entre los sectores empresarial y laboral de EE UU, y las políticas gubernamentales que suministraron redes de protección a la clase obrera.
Pero durante la década anterior, hay distintas fuerzas que han cambiado la dinámica del crecimiento. La integración de China e India en el sistema mercantil mundial añadió 2 mil millones de trabajadores a la fuerza laboral mundial, ejerciendo una presión descendente sobre los salarios reales pagados a los trabajadores. La intensificación de la competencia, la rápida adopción de nuevas tecnologías y los flujos de capital más libres están “disminuyendo su poder de negociación”, dice Ifzal Ali, economista principal del Banco de Desarrollo Asiático. En este sistema cada vez más interconectado, los ingresos en beneficio de las personas que cuentan con habilidades y educación han aumentado. “Si usted ha recibido una buena educación y está bien relacionado, la economía mundial le proporciona un mercado cada vez más grande para sus conocimientos”, afirma Robert Reich, ex secretario del Trabajo de EE UU y autor del libro “Supercapitalism”. “El 10 o 20 por ciento superior se distingue del resto debido a su educación, sus habilidades de trabajo y sus relaciones”.

Las personas que tienen éxito en este nuevo escenario mundial son recompensadas hoy como nunca antes. Zhang Yin, que fundó la empresa Nine Dragons Paper en 1995, ha convertido una pequeña operación de papel reciclado en una fortuna de varios miles de millones de dólares, convirtiéndose en la mujer más rica de China en menos de 12 años. Reliance Industries, el gigante indio de los productos petroquímicos controlado por Mukesh Ambani, tiene una reserva de efectivo de US$28 mil millones. “Pienso que la habilidad para operar a escala, ya sea que se trate de una estrella individual o de compañías de alcance mundial, es parte de la historia de la desigualdad”, afirma Jeffrey Sachs, director del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia. La acumulación de inmensas fortunas en países que aún son pobres muestra que lo que Robert Frank, economista de Cornell, ha denominado la “sociedad donde el ganador se lleva todo” se ha convertido en un fenómeno mundial. “Los tipos de fuerzas que crean mercados donde el ganador se queda con todo se ha fortalecido muy rápidamente en los últimos 30 años” debido a la globalización, afirma. Pero la globalización no es el único factor en el lugar de trabajo. Es posible que la creciente oleada esté levantando los yates en forma desproporcionada, y que el viento impulse sus velas. Pero las embarcaciones grandes también están siendo impulsadas por poderosos motores que han asumido la forma de los responsables de la política. En lo relacionado con asuntos como el libre comercio, la tributación de la riqueza, la protección de los trabajadores y la necesidad de la redistribución de la riqueza y el bienestar social, el centro se ha desplazado hacia la derecha —en EE UU y en todo el mundo. “Los contornos del debate han cambiado de manera importante, y todos se centran en trabajar con los mercados en lugar de contra ellos”, afirma Dani Rodrik, catedrático de Economía Política Internacional en Harvard y autor del libro “One Economics, Many Recipes: Globalization, Institutions, and Economic Growth”.

Rodrik y otros eruditos sugieren que el cambio en las leyes, las normas y las instituciones ha tenido un importante papel en el aumento de la desigualdad. “Está claro que las instituciones que gobiernan el salario de los directores ejecutivos y las opciones de compra de acciones tienen una gran importancia”, dice Piketty. Téngase en cuenta que en 2005 en Estados Unidos, la compensación promedio del director ejecutivo de una de las 500 empresas principales según S&P era 411 veces mayor que la del trabajador común, por encima de 107 veces en 1990.

Vía: www.newsweekespanol.com.mx

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