Publicado en El Clarí, Opinión por Massimo D’Alema

Nos unen las raíces históricas, las afinidades culturales, las oportunidades de crecimiento económico. Sin embargo, la política exterior italiana no siempre supo reflejar de forma adecuada estas profundas interconexiones. Por lo tanto, el gobierno actual tuvo que empeñarse, desde el principio mismo, para volver a América latina a la posición prioritaria que merece.

Nos encontramos en un momento de fuerte relanzamiento de nuestra actividad, marcado por una intensidad de relaciones sin precedentes. Pero apuntamos a la continuidad y coherencia de nuestra acción, a fin de dar pleno valor al papel de Italia en América latina.

Es por ello que acogemos con grandes esperanzas la apertura en Roma de la “IIIa Conferencia Nacional Italia—América latina y Caribe”, en la que participarán países del continente latinoamericano, gobiernos caribeños, instituciones financieras y políticas de la región, gobiernos europeos y la Comisión Europea.

Italia confía en América latina. Se propone demostrarlo concretamente, en términos económicos, de intercambios y de oportunidades. Hoy en día, menos del 3% de nuestras exportaciones se dirigen a ese continente, y nuestras inversiones directas no reflejan las potencialidades de los mercados latinoamericanos.

Estamos trabajando con desvelo, a todos los niveles, para crear nuevas oportunidades de colaboración. Con este espíritu, queremos valorizar plenamente también la presencia en nuestro país de tantos inmigrantes latinoamericanos.

Auspiciamos que en todo el continente latinoamericano se consolide un ciclo virtuoso de crecimiento que pueda promover el desarrollo humano, y a dicho fin estamos dispuestos a valorizar todas las posibles oportunidades de colaboración.

Italia tiene mucho que ofrecer a América latina. El respaldo de una economía fuerte y dinámica: nuestras empresas pueden aportar una fuerte contribución a la amplia e importante agenda infraestructural latinoamericana. Las pequeñas y medianas empresas y los distritos industriales y tecnológicos: compaginan la excelencia productiva con la cohesión social y, por ende, pueden constituir una referencia válida.

La experiencia de nuestra actividad de cooperación: muchos proyectos apuntan a favorecer el proceso de integración entre las áreas de frontera, también para prevenir la posibilidad de tensiones. La riqueza del acervo cultural y lingüístico: se están multiplicando las colaboraciones en los campos de la restauración y el amparo del patrimonio artístico, y son cada vez más numerosas las oportunidades de colaboración entre universidades y centros de investigación, en particular los intercambios de estudiantes.

Además, me complace recordar con afecto particular a los ciudadanos italianos y de origen italiano que, viviendo en América latina y en el Caribe, enriquecen el tejido social de sus países adoptivos.

Italia apunta al diálogo político con América latina. En nuestra acción, a nivel nacional y en el ámbito de la Unión europea, nos guía la voluntad de fortalecer la colaboración, Pero a una condición irrenunciable: el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales. Queremos insistir con fuerza sobre el respeto del estado de derecho, sobre la lucha contra la pobreza y las desigualdades y sobre la ampliación de la participación democrática en las grandes opciones políticas que determinan el futuro de cada país.

Italia defiende la integración regional latinoamericana. Confiamos en que las señales de cansancio en ciertas iniciativas así como las incertidumbres en realizar los proyectos más ambiciosos se superarán con un ímpetu renovado.

A raíz de nuestra experiencia en la Unión Europea, sabemos bien que sólo mediante la integración política y económica es posible afrontar los retos de la globalización y favorecer el desarrollo socio—económico. En este contexto, nos agrada estar obrando en una profunda sintonía de intentos con España y Portugal, los dos países europeos que comparten con Italia fuertes lazos históricos y fértiles relaciones con América latina.

Debemos afrontar juntos los desafíos globales: afianzamiento del multilateralismo y de la paz como valores universales, respeto de los derechos humanos, compromiso por la cohesión social y la reducción de las desigualdades, acción común ante los riesgos del cambio climático, lucha a la droga y a los tráficos ilícitos, firme oposición al terrorismo, seguridad energética, liberalización económica multilateral.

Como lo expresó el año pasado Carlos Fuentes, en Roma, en ocasión de los cuarenta años del Instituto Italo—Latinoamericano: “Sin Italia nuestra historia está incompleta, y nuestra cultura privada de continuidad”. Lo mismo, a la inversa, puede decirse para Italia respecto a América latina.

Vía: www.clarin.com

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