Uno lee que el gobierno de México reclamó y distribuyó entre la secretaría de Salud, el Poder Judicial y la policía los doscientos once millones de dólares que se encontraron en la casa del empresario chino nacionalizado mexicano Zhenli Ye Gon.

Imagen: http://www.bbc.co.uk

Y pocos días después, uno lee que el gobierno se quedó con el dinero, no porque fuera mal habido, sino porque nadie lo reclamó. El dueño del efectivo se dio a la fuga y apareció en Estados Unidos, donde lo detuvieron. El empresario dice que el verdadero dueño del dinero, que cabe en dos camionetas y ha sido motivo de polémica y aun de escándalo, es un personaje oscuro en el gobierno mexicano, pero en vez de ofrecer pruebas ha contado cuentos sin ton ni son.
Es una historia entretenida que tiene un empresario chino nacionalizado mexicano, y sus fantasmas y una suma insólita de dinero, y en la que aparecen quién sabe cuántas empresas de quién sabe cuántos países, capitanes y tripulaciones de barcos, aduanas y aduaneros, policías de México y de Estados Unidos, investigadores fiscales, los periodistas que van contando la historia. Pero sobre todo aparecen políticos, para bien y para mal.

Uno aprendió más temprano que tarde que la política se ocupa de cosas mayores, pero que cada cosa que la política toca se convierte en cosa mayor. En este caso lo que se hizo mayor fue el escándalo.

Cuando Zhenli Ye Gon acusó a personas no identificadas de haberlo obligado a guardar millones y millones de dólares con fines todavía inexplicados pero para el gobierno o para el partido en el gobierno o para alguien en alguno de esos dos grupos, le respondieron voces de tonos menores y mayores.

El presidente Felipe Calderón aclaró, según algunos sin necesidad, que nada era cierto, y que Zhenli Ye Gon era y es un delincuente.

Tal vez es verdad que nada es cierto

Tal vez sea verdad que nada es cierto, porque el empresario no ha podido probar ninguno de sus señalamientos. Lo interesante es que tampoco se ha dado respuesta a varias preguntas.

No se sabe cómo alguien puede introducir a un país un contenedor (o varios) con cincuenta toneladas de seudoefedrina, una sustancia precursora de la metanfetamina, que a su vez es una sustancia que entre otras cosas permite bailar o lo que sea toda la noche.

No se sabe quién la vendió –y si se sabe porqué no se registró y se revisó esa venta-, quién la llevó de un puerto a una bodega y de ahí a una planta donde, según las autoridades mexicanas, la sustancia se convertía en droga, o en remedios para el resfriado según la empresa.

No se sabe cómo entraron a México las toneladas de sustancias precursoras de las metanfetaminas, ni se sabe por qué.

No se sabe por qué –si el empresario tenía negocios turbios y si es verdad como dicen que los expertos fiscales ya habían detectado que manejaba importantes sumas en dólares- no se hizo nada antes.

No se sabe, sobre todo no se imagina uno, cómo puede alguien tener doscientos cinco millones de dólares detrás de muros falsos, debajo de la cama, en la alacena de la cocina, en cualquier parte, ni por qué ni para qué.

No se sabe, para citar al clásico, qué se ignora ni qué se sabe.

La investigación va a ser larga y frágil.

Dos agentes expertos

Y cuando uno llega a este punto se entera de que personas desconocidas asesinaron a los agentes Josué Hernández Hernández y Aníbal Sánchez Peredo, entrenados por la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA) y la oficina federal de investigaciones (FBI).

Sus cuerpos acribillados aparecieron en el paraje de Cruz Alta, del municipio de Mochitlán del estado de Guerrero, lejos del mar. De cualquier mar.
Los dos habían participado en operativos para desmantelar laboratorios donde se producían drogas sintéticas –el nuevo negocio de la droga que ya no es narcótico- en el estado de Jalisco entre 2005 y 2006.

Según la Secretaría de Seguridad Pública Federal, los dos agentes –expertos en drogas sintéticas- habían participado en el aseguramiento de diecinueve toneladas de seudoefedrina destinadas al empresario prófugo y ahora preso de Estados Unidos.

Según la Secretaría de Seguridad Pública Federal, los dos estuvieron presentes cuando se decomisaron los doscientos y tantos millones de dólares en efectivo que Zhenli Ye Gon tenía en su casa.

Posdata en que la forma es el fondo

Y uno se confunde, porque la memoria traiciona ya, y no sabe si don Jesús Reyes Heroles, el último pensador de la revolución mexicana, advertía que en la política la forma es el fondo, o recordaba que en la política no hay casualidades. Pueden haber sido las dos cosas. Uno pensaría que estaba en lo cierto.

Vía: www.bbc.co.uk

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