Como nuevo primer ministro británico, Gordon Brown enfrenta dos problemas grandes: el de no ser Tony Blair y el de instalarse en la casa de gobierno en el número diez de Downing Street después de diez años de Tony Blair.

Para remediar el primer problema, quien fuera hasta hace poco titular de Economía debe demostrar que tiene una personalidad e ideas distintas a las de su predecesor, algo que, como le dijo a BBC Mundo la profesora de política internacional en la Universidad de Westminster, Celia Szusterman, le puede resultar difícil.”Brown da la impresión de ser un hombre muy gris. Puede sorprendernos y convertirse en un líder verdadero, pero hasta ahora ha sido sobre todo un excelente administrador”.

En sus diez años a cargo de la economía, Brown tuvo éxitos importantes: hoy en día el Reino Unido cuenta con bajos niveles de desempleo, inflación baja y tasas de crecimiento sostenidas que son la envidia de muchos otros países de Europa.

Falta de experiencia

Sin embargo, para muchos analistas británicos es un error que solamente haya tenido ese puesto en las administraciones de Blair. No tiene, por ejemplo, experiencia de política internacional, o de problemas internos como salud o seguridad ciudadana.

Más allá de estas consideraciones, otros observadores cuestionan la personalidad de este hijo de pastor protestante escocés. Hace un tiempo, un funcionario público de muy alto rango lo tildó de “estalinista”, tanto por su manera de imponer su voluntad como por su manera de tratar a sus colegas.

A estas acusaciones, los defensores de Gordon Brown dicen que en realidad es un hombre con gran sentido del humor y cualidades que saldrán a relucir ahora que no está mas a la sombra de su gran amigo, pero también rival, Tony Blair.

Sus desafíos

Sin embargo, es precisamente allí donde reside su segundo y aún más grave problema: ¿cómo renovar el partido laborista después del desgaste que representa haber estado una década en el poder?

Las elecciones locales del 3 de mayo constituyeron un duro golpe para el partido, y por primera vez en mucho tiempo el opositor partido conservador vislumbra la posibilidad de volver a tener mayoría en el parlamento después de las próximas elecciones generales.

Asimismo, la situación económica que tanto ha favorecido Brown muestra algunas señales inquietantes, con índices de inflación al alza, problemas con el gasto público, y quejas de los exportadores por la fortaleza de la libra esterlina.

También, el nuevo líder del Partido Laborista tendrá que resolver tres problemas mayores que dejó sin resolución Tony Blair. A pesar de un aumento significativo en el presupuesto para el sistema público de salud, todavía muchos británicos están decepcionados con los resultados.

De manera similar, los intentos de Tony Blair por hacer de la educación estatal una de sus grandes prioridades han dado resultados por ahora muy discutidos.

Irak, el principal reto

Sin embargo, el escollo más peligroso que debe franquear Gordon Brown es la cuestión de la participación del Reino Unido en la ocupación de Irak.

Cada vez más británicos quieren ver una salida digna de las fuerzas armadas, y está por verse si el nuevo inquilino en el número diez de Downing Street tendrá las agallas para distanciarse de Washington en este tema.

En general, todos los comentaristas locales están de acuerdo en decir que hasta ahora las ideas políticas de Gordon Brown son una incógnita.

Las próximas elecciones generales deben tener lugar en menos de tres años, lo que significa que el nuevo primer ministro tiene poco tiempo para convencer a un electorado poco convencido de que debe seguir votando a los laboristas.

Si no lo hace, Gordon Brown puede resultar haber sido un ministro de economía de lujo, pero un primer ministro de poca monta.

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