Publicado en La Tercera, Chile.

Aaron Brenner, uno de los fundadores de las Escuelas Kipp, los establecimientos públicos más exitosos de Estados Unidos.  Invitado a Chile por Libertad y Desarrollo, este académico y director de la Kipp Shine de Houton habla sobre los factores que permiten a estos colegios contar con un 90% de ingreso a la universidad pese a la condición social de sus alumnos.

Tengo estudiantes que no pueden oír bien, que no pueden ver sin lentes, otros que son autistas, pero son parte de nuestra comunidad. Los autistas tienen un rendimiento muy bajo, pero no voy a sacar a ese niño de la escuela por eso”.

Aaron Brenner sabe perfectamente de lo que habla cuando se refiere a excelencia académica. Con el mismo gasto por alumno de cualquier escuela pública en Estados Unidos, los 52 colegios Kipp atienden a niños en riesgo social, fundamentalmente afroamericanos y latinos. Sin embargo, sus resultados académicos son muy similares a los de los establecimientos privados de ese país: desde 1996, el 80% ingresa a la universidad. Brenner dirige uno de estos establecimientos, en Houston, y se encuentra en Chile para participar en un seminario de Libertad y Desarrollo Calidad y Gestión en Educación 2007, donde entregó la receta de éxito de su colegio.

– ¿Cómo logran que niños de escasos recursos lleguen a la universidad si la mayor parte de los estudios asegura que el nivel cultural de familia es determinante en los logros académicos de los hijos?
– Nuestro nivel de enseñanza es mucho mayor que el de otras escuelas públicas. Esto significa que enseñamos en forma adelantada ciertas materias, es decir, pasamos en Básica materias que son de primero y segundo medio. Sabemos que si enseñamos más temprano materias como álgebra, por ejemplo, vamos a preparar mejor a nuestros alumnos para que lleguen a la universidad y se mantengan ahí. Y si vemos que un estudiante no está listo para pasar a primero medio, vuelve a octavo.

– ¿Repite?
– Sí. Esto ha generado controversia entre las organizaciones de promoción social de Estados Unidos, que dicen que no es bueno que un estudiante de 14 años vuelva a octavo y pierda a sus amigos. Pero nosotros decimos: ¿qué es más importante, que aprenda y entre a la universidad o que esté con sus compañeros?

– ¿Cuántos repiten octavo?
– Sólo el 10%, porque cuidamos a los estudiantes de bajo rendimiento, les ofrecemos clases dos sábados al mes para nivelarlos y los impulsamos a pasar de curso.

– ¿Qué otros factores influyen en estos logros?
– Tenemos una jornada escolar de dos horas más cada día respecto de otras escuelas públicas, desde las 7:30 hasta las 17:00. Esto nos permite enseñar en un año materias que otros colegios imparten en tres.

– ¿Cuántos alumnos por curso tienen estas escuelas?
– Las escuelas de quinto a octavo básico tienen entre 25 y 30 estudiantes por salón. Las escuelas primarias, de prekinder a cuarto básico, tienen 23 alumnos y dos maestras. Esto, porque más del 60% de nuestros niños están aprendiendo inglés o español. Para ellos tenemos un programa dual, en ambos idiomas, con dos profesoras.

Una lotería para el ingreso

– ¿Existe la selección de alumnos en estas escuelas?
– No, y como somos muy populares tenemos una lista de espera de mil estudiantes.

– ¿Qué criterio de ingreso usan?
– Por ley del Estado de Texas se debe hacer una especie de lotería: poner los nombres en papelitos y sacarlos al azar hasta completar los cupos. Existe, además, la posibilidad de entrar automáticamente si un hermano está matriculado.

– Entonces, ¿es posible la excelencia académica sin selección?
– No creo en la selección de alumnos. Es totalmente posible tener excelencia sin selección. Tengo estudiantes que no pueden oír bien, que no pueden ver sin lentes, otros que son autistas, pero son parte de nuestra comunidad. Los autistas tienen un rendimiento muy bajo, pero no voy a quitar a ese niño de la escuela por eso.

– ¿Existen incentivos al desempeño docente?
– Pagamos un 20% más que en las otras escuelas del Estado, pagamos todos los seguros médicos, les damos un computador o laptop a los profesores y también un celular por si su familia necesita comunicarse con ellos. También tenemos un programa de apoyo al ahorro, según el cual por cada dólar que los maestros ponen en una cuenta, nosotros agregamos otro.

Fiscalización y costos

– ¿Cuánto cuesta educar a un niño en las escuelas Kipp?
– US$ 9 mil dólares al año por alumno. Es lo mismo que se gasta en las otras escuelas públicas. Incluso el Estado nos da menos dinero, porque recibimos subvención. De 9 mil, 6 mil los entrega el Estado y el resto son donaciones privadas. Este año tenemos más de US$ 80 millones en donaciones.

– ¿Qué tan profunda es la fiscalización de parte del Estado?
– Cada Estado tiene una Agencia de Educación que fiscaliza a los colegios públicos. Nosotros somos fiscalizados cada tres meses.

– ¿Les entorpece su labor tener que rendir cuenta de sus gastos?
– No, no tenemos nada que esconder. Tenemos una junta de directores encargada del manejo de los dineros y eso nos ha ayudado mucho con las rendiciones.

Vía: www.latercera.cl 

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