Publicado en La Nación, Argentina. Entrevista a Tony Blair.

Las viejas distinciones ideológicas son hoy menos importantes que, por ejemplo, estar a favor o en contra de la apertura, dice el premier británico. Cuando faltan pocos días para que deje el poder tras 10 años de ejercicio, afirma que muchas de las propuestas incluidas en su Tercera Vía fueron adoptadas en los países desarrollados.

El primer ministro británico, Tony Blair, dejará el cargo el próximo día 27 de este mes, luego de ocupar durante una década la residencia oficial del número 10 de Downing Street, en Londres. Pocos días antes de su partida concedió una entrevista en la que habló acerca de los resultados de la reciente cumbre del G—8, en Alemania, la guerra en Irak y sus sensaciones al dejar la función pública. “Diez años son suficientes”, estimó el premier.

—Primer ministro, la semana pasada se habló de una nueva Guerra Fría por la resistencia rusa a los planes estadounidenses de construir un sistema de defensa misilística en Europa oriental. Putin habló de una nueva carrera armamentista y de que nuevamente habría misiles rusos apuntando a ciudades europeas. ¿Hay una nueva era de detente después de la cumbre del G—8 en Heilingendamm?

—No.

—Pero todos sonreían al final.

—Creo que hay un deseo de superar esta dificultad, pero los problemas siguen allí. La verdad es que todos quieren tener una buena relación con Rusia y saben que es importante. Hay una honda preocupación en Europa en este momento y la disputa por la defensa de misiles balísticos obviamente ha generado tensiones. La cuestión no ha sido resuelta por la cumbre, pero nos dio la oportunidad de tratar el tema con él.

—Hablamos con el presidente Putin hace una semana y sus argumentos contra el escudo misilístico nos parecieron muy comprensibles.

—Pero el hecho es que los estadounidenses siempre dijeron con claridad que quieren desarrollarlo. No hay ninguna posibilidad de que ofrezca protección contra misiles rusos. Y está allí por la razón por la que está, es decir porque los EE.UU. querían desarrollar esta tecnología para tener una defensa contra la posibilidad de que Irán, Corea del Norte u otra potencia nuclear hostil pudiera aparecer con un misil de larga distancia.

—¿Puede entender el temor ruso de que los misiles defensivos se usen no contra Irán sino contra Rusia?

—Eso es sin duda algo obvio desde hace mucho tiempo, dado que ha estado en discusión durante siete u ocho años. No es algo que se descubre de pronto. Yo tengo y siempre he tenido una buena relación personal con el presidente Putin y quiero que tengamos una buena relación con Rusia. Pero obviamente en este momento hay un mal entendido fundamental entre Occidente y Rusia. Tenemos que tratar de llegar al fondo de la cuestión y resolverla, de otro modo, lo que sucederá con el tiempo es que, en vez de maximizar los negocios que la gente quiere hacer con Rusia, los van a minimizar.

—¿Qué piensa de la sugerencia de Putin de construir una estación de radar conjunta con los estadounidenses en Azerbaijián?

—No lo se. No tengo conocimientos técnicos suficientes.

—En la cumbre de Gleneagles tuvo éxito en conseguir que los otros siete Estados se comprometieran a aumentar al doble la ayuda a Africa para 2010. Muchos están retrasados en cuanto a cumplir sus promesas. ¿Confía en que esto cambie para 2010?

—Sí. Lo importante es que todos los años se pone a Africa en el centro de la atención. Todos los años hay que esforzarse para conseguirlo. Hay que comprometerse y volver a comprometerse cada año.

—¿Por qué está Africa en el centro de las actividades políticas? ¿Es porque unos pocos músicos se están interesando o porque los chinos se están introduciendo en Africa?

—No, esto es anterior a la cuestión de China, aunque ésta sea una cuestión en Africa ahora. En realidad, se debe a que es una gran causa moral. Tomemos por caso la cuestión del HIV/SIDA. Probablemente ya hayamos salvado un millón de vidas. ¿En cuántas otras áreas de la política se puede hacer algo que salve literalmente millones de vidas?

—No comenzando guerras, por ejemplo.

—Llegaremos a eso en seguida (se ríe). Pero lo otro que es importante es que, en el mundo en que vivimos hoy, si no intervenimos en Africa vamos a acumular inmensos problemas que nos van a afectar. En Sudán, en Somalia, en todo el mundo occidental vamos a tener gente que vendrá de estas regiones en conflicto.

—¿Cómo evalúa el rol de la canciller Merkel en la cumbre del G—8?

—Ha sido crucial, vital. Ha probado ser una negociadora muy hábil. Es un placer trabajar con ella.

—Ese placer casi se ha terminado para usted. ¿Qué más va a extrañar? ¿Los eventos importantes, tales como Heiligendamm?

—Bueno, ustedes saben que lo he hecho por 10 años. ¡Ya es suficiente!

—Luego de 10 años al frente de su país, lo deja en muy buena situación: la economía crece, el desempleo cae, hay tres millones de nuevos puestos de trabajo. ¿Por qué el público británico está tan desencantado con usted? ¿Por qué la mayoría está contenta de que deje su cargo el 27 de junio?

—¿Sabe una cosa? Gané tres elecciones y lo que sucede cuando se está mucho tiempo en el poder es que la gente se cansa de la misma cara, de la misma voz. Así son las cosas.

—¿No es por la guerra de Irak?

—Sé que la gente dice que esto se debe a Irak y demás, pero no es cierto. Desde el momento en que uno llega a un cargo así hay que tomar decisiones que no le gusta a la gente. Si uno sobrevive por 10 años es que le ha ido bien.

—En la década de los 90 usted promovió la Tercera Vía como la vía moderna de avanzar para la social democracia en Europa y Estados Unidos. ¿Ha fracasado el blairismo fuera del Reino Unido?

—Por el contrario. Yo no lo llamo blairismo, pero la Tercera Vía es en general lo que la mayoría de los gobiernos —tanto conservadores como progresistas— llevan adelante hoy en día en el mundo desarrollado. Lo que me resulta interesante es que algunas de las viejas distinciones de izquierda y derecha ya no son relevantes. Creo, efectivamente, que una de las distinciones principales es abierto vs. cerrado. Sé que es imposible en ciertos sectores defender a Bush, pero si se mira lo que Bush está haciendo, por ejemplo con la política inmigratoria en EE.UU. o su política comercial, está del lado progresista del debate, porque es abierto, no es un aislacionista. Creo que algunas de estas políticas de Tercera Vía —que combinan la eficiencia económica con la justicia social, educación y no regulación, con la reforma de los servicios públicos basada en la inversión pero también en la personalización de los servicios, ponerse duro con el delito, duro contra las causas del delito—, creo que estas son ahora posiciones muy comunes en todo el mundo desarrollado.

—Aun así, muchos partidos de izquierda en Europa continental consideran al blairismo como un tipo de neoliberalismo.

—Esos son los que están en la oposición, ¿verdad? (se ríe).

—Cuándo mire hacia atrás, ¿Irak no será la gran pesadilla de su tiempo en la función pública?

—Sabe, usted y yo no vamos a ponernos de acuerdo en esto.

—¿No es importante, si uno inicia una guerra, al menos ganarla?

—Bueno, no creo que la hayamos perdido.

—¿Está seguro?

—Sí, estoy seguro de que no la perdimos. Tenemos que continuar y ganarla, pero es un conflicto de otro tipo hoy. Eliminar a Saddam fue relativamente fácil, pero entonces intervinieron estos elementos que tratan de detenernos, como sucedió también en Afganistán. Ahora tenemos que estar preparados para el largo plazo en estos conflictos, porque nuestros enemigos nos van a combatir.

—Quedarán 2500 soldados británicos en Irak para fin de año. ¿Cómo espera resistir a sus enemigos, no ya derrotarlos?

—En Basora la seguridad está en manos de los mismos iraquíes. Por eso, ahora es una situación diferente.

— Pero no es demasiado eficaz

—La violencia sectaria en Basora es muy baja. Es en Bagdad donde resulta un problema. Y allí aún hay 140.000 soldados estadounidenses.

—¿Usted sobreestimó su influencia sobre Washington?

—No, nunca lo hice como un trueque o un intercambio. No hago trueques con la política, en particular cuando se trata de un conflicto.

—¿Pensó que sería más fácil ganar la guerra y la posguerra?

—Lo único que diría es que la gran subestimación fue cuán profundo era este problema, cuántos elementos iban a evolucionar y converger para tratar de detenernos, habiendo removido ya a los talibanes en Afganistán y a Saddam en Irak y logrado avances. Pero creo que, cuando nos enfrentan con mayor dureza, tenemos que responder. Personalmente creo que hay que ponerse de pie y enfrentarlos en todas partes.

—¿Su decisión de enfrentar al terrorismo en Afganistán y la guerra en Irak hicieron crecer al terrorismo sin quererlo?

—Esto se convertirá en el gran mito occidental si no somos cuidadosos. Nosotros no creamos a esta gente. Y no es nuestra culpa que sean como son. Tienen un sistema de creencias, tienen una ideología y han descubierto el poder del terrorismo en una era de globalización y comunicaciones masivas.

—Pero Al—Qaeda no estaba en Irak antes de que comenzara la guerra. Ahora es un campamento de entrenamiento para Al—Qaeda.

—Hay que tener mucho cuidado de no creerse todo eso. Es correcto decir que Al—Qaeda está muy activa en Irak, pero si no estuviera activa en Irak lo estaría en otra parte. Y los estamos persiguiendo en Irak. Allí también estamos matando a muchos de ellos.

—El problema básico, ¿no es que la lucha contra le terrorismo produce cada vez más terroristas, no sólo en Irak sino también en Europa, y que la campaña contra el terror en Medio Oriente lo ha traído a España y el Reino Unido?

—Si no enfrentamos estas ideas tenemos la actitud equivocada, una actitud derrotista, esta idea de que eliminando a Saddam en Irak o a los talibanes en Afganistán y dando a los musulmanes allí un proceso democrático, oprimimos, de algún modo, a la nación musulmana Son otros musulmanes los que los están matando. Estamos tratando de impedir que se maten los unos a los otros. Debemos estar de parte de los inocentes contra los terroristas.

—¿Qué va a hacer cuando deje el 10 de Downing Street?

—No lo sé. Veremos.

—¿Firmará un contrato con Gazprom, como Gerhard Schröder?

—Por cierto que no.

—Lord Anthony Giddens, coinventor de la Tercera Vía, los describió a usted y a su sucesor Gordon Brown como los Lennon y McCartney de la política británica. ¿Puede sobrevivir el laborismo con la mitad del dúo?

—Hemos trabajado en colaboración muy estrecha a lo largo de los años pese a las tensiones y las dificultades que surgen en la cima de la política. Ha sido una gran parte del éxito del gobierno y estoy seguro de que seguirá siéndolo.

—Cuando se mudó a Downing Street, en 1997, su predecesor le dejó una botella de champán, con una tarjeta que decía que era un gran empleo y diciéndole que se divirtiera. ¿Se divirtió?

—¿Divertirme? Esa es la palabra equivocada, realmente. Hay una sensación de tener un privilegio. Y por cierto que es excitante.

—Bill Clinton dijo, acerca de su tiempo en la Casa Blanca, que disfrutó cada día. ¿Usted también?

—Estoy seguro de que me puedo acordar de algunos días.

Por Stefan Aust, Hans Hoyng y Thomas Hüetlin

El perfil

Primeros años

Nació el 6 de mayo de 1953, en Edimburgo, Escocia, segundo hijo de Leo Blair y Hazel Blair, ambos de origen humilde. Blair estudió en Oxford y luego conoció a Cherie Booth, su esposa, con quien tuvo cuatro hijos.

Una década en el poder

Blair alcanzó el liderazgo del Partido Laborista en 1994 y en 1997 lo condujo a la victoria tras 18 años de conservadurismo. Logró luego otros dos triunfos en elecciones generales y el próximo 27 de junio dejará el cargo.

Vía: www.lanacion.com.ar

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