Bernardo Kliksberg, publica este artículo para el diario www.lanacion.com.ar sobre las implicancias ocultas que trae el cambio climático y consecuentemente el impacto sobre la salud pública producto del calentamiento global.

Imagen: www.wwf.us

Nueva York. El nuevo informe del Panel Intergubernamental de la ONU sobre cambio climático, recién presentado, había generado gran expectativa. El informe, preparado por dos mil científicos de más de cien países, predice que el calentamiento global puede tener claros impactos sobre la salud pública y señala que puede provocar “un aumento de las muertes, y las enfermedades, debido a las olas de calor, las inundaciones, las tormentas, los incendios y las sequías”. Jonathan Patz (Universidad de Wisconsin) señala que se puede esperar un aumento de la malaria en Africa. La enfermedad mata de uno a dos millones de personas anualmente. Resalta Patz: “El cambio climático es una de las más desafiantes amenazas a la salud pública del milenio”.

Thomas Lovejoy, presidente del prestigioso Centro Ambiental Heinz (Washington), dice que el informe es “una triste confirmación de lo que hemos venido siguiendo los últimos 20 años. La naturaleza es muy sensible al cambio climático, y estamos viendo desequilibrios en ecosistemas en todo el planeta”. David Ignatius (The Washington Post) llama la atención sobre los escenarios que traza el futurólogo Peter Schwartz, que parte de la misma premisa. Señala que el cambio climático “está empujando a los sistemas en todos lados hacia puntos de no retorno”. Ejemplifica con Haití y Bangladesh. Haití se ha convertido, por la deforestación y la pérdida de abono de la tierra, en “un ecosistema en el borde”. Algunos de los riesgos comunes del cambio climático, como una sequía prolongada o un huracán devastador, podrían hacer explotar el sistema y producir una crisis de refugiados gravísima. En Bangladesh, millones de personas viven al lado del agua. Si el deshielo continúa y los mares crecen, se puede producir una catástrofe, con 60 a 100 millones de personas que tendrían que escaparse. Por otro lado, el informe previene que en las regiones áridas y semiáridas, donde viven 700 millones, el calentamiento puede agravar la escasez de agua. Millones deberían irse.

El aumento de las temperaturas, el mayor en 10.000 años, puede amenazar en 2020 la supervivencia del 20 al 30% de las especies conocidas. Una ONG ambiental, WWF, indica que entre las especies en riesgo se hallan las tortugas marinas en América latina. Sus nidos pueden ser destruidos por los niveles crecientes de agua. Los bosques de alerces en Chile y la Argentina se hallarían en alto riesgo por los extensos períodos de sequía y el posible aumento de los incendios forestales.

El calentamiento global es, en un 90%, producto de la acción humana. Está directamente ligado a las emisiones de gases invernadero. Hace 10.000 años había 160 partes de dióxido de carbono por millón en la atmósfera. Ahora se estima que son 380. En los últimos 20 años, la concentración atmosférica de estos gases ha aumentado a la cifra sin precedente de 1,5 partes por año. El secretario general de la ONU, Ban-ki Moon, que ha puesto el tema en el centro de su gestión, asegura que es un problema grave, y en crecimiento.

El problema afecta a todo el planeta, pero los grados de vulnerabilidad son totalmente diferentes según la riqueza de los países. El informe destaca especialmente la desigualdad en los impactos. Expresa: “Las comunidades pobres son especialmente vulnerables porque tienden a concentrarse en áreas de riesgo, tienen menos capacidades para enfrentar el problema y son más dependientes de recursos muy sensibles al clima, como el agua y las fuentes de alimentos”.

Ello genera una situación paradójica. Según los estimados, los países más ricos son los principales productores de los gases invernadero. Se calcula que EE.UU. es responsable del 29% de las emisiones de dióxido de carbono y Europa Occidental, del 27%. Los países pobres no tienen incidencia mayor. Sin embargo, ellos son los que pueden sufrir las consecuencias más graves. Según la ONU, en 2020 las penurias de agua podrían estar afectando a 250 millones de personas en Africa y la producción agrícola en ciertas áreas podría caer en un 50%. En Asia, la falta de agua fresca puede afectar a 1000 millones de personas en 2050. Señala un economista, Jacob Mendelsohn (Yale): “La idea original era que estuviéramos todos juntos en esto, y ésa es una idea más fácil para vender. Pero la investigación no la avala: no estamos todos juntos”.

La presión pública por medidas inmediatas está creciendo en el mundo desarrollado. En EE. UU., el Congreso creó un nuevo comité dedicado al tema. La Corte Suprema termina de producir un fallo histórico. Ante la demanda interpuesta por 12 estados y 13 ONG ambientales, decidió que la Agencia de Protección del Ambiente Federal tiene la autoridad para regular los gases tóxicos de los automóviles y que no puede no ejercerla, salvo que muestre razones científicas. Diversos estados y 400 intendentes han anunciado metas de reducción de emisiones. The Washington Post dice que la mayor cuestión moral de nuestro tiempo es nuestra responsabilidad con el planeta y sus habitantes. The New York Times comenta: “Los riesgos de la inacción son grandes. El tiempo para la acción es cada vez más corto”.

La Unión Europea acordó reducir las emisiones de gases invernadero en un 20% para 2020. Gran Bretaña fijó metas aun mayores: de un 26 a un 32% de reducción, y se propone dictar leyes firmes en tal sentido.

América latina, que sólo contribuye con el 3,8% de los gases invernadero, aparece en el nuevo informe de la ONU con pronósticos preocupantes. Se dice que la reducción de los glaciares pone en riesgo de no tener suficiente agua a millones de personas. Junto a ello están los efectos de los huracanes y las inundaciones sobre las poblaciones más vulnerables, los impactos destructivos sobre la agricultura y los efectivos regresivos sobre la salud de los más pobres.

En una región tan desigual, se está sumando a las asimetrías en ingresos, capital, educación y otras, la vulnerabilidad mucho mayor de los más humildes frente al cambio climático.

Se impone, en la región como en el mundo, diseñar políticas públicas muy activas en este campo y forjar un gran pacto de responsabilidad entre gobiernos, empresas privadas ambiental y socialmente responsables y una sociedad civil movilizada.

Urge pasar del asombro y la alarma a la acción concreta.

El autor es asesor principal de la Dirección del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en América Latina y el Caribe.Vía: www.lanacion.com.ar

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