París, Francia. Las próximas dos semanas de política francesa van a ser emocionantes: la campaña electoral por la presidencia entra en su recta final con un porcentaje de indecisos que supera el 40% y al que habrá que convencer.

Dicen quienes conocen bien los procesos electorales en Francia que las dudas de los ciudadanos de la République son habituales cuando se trata de elecciones que preceden a un cambio importante. Algo similar sucedió hace 12 años, cuando la era Mitterrand llegaba a su fin y había que renovar el mobiliario en el Palacio del Eliseo.

 

Tras doce años en la presidencia, Jacques Chirac no concurre en estas elecciones. En su lugar, los franceses podrán optar por un total de 12 candidatos. Dos de ellos llevan la delantera en las encuestas: el conservador Nicolas Sarkozy, en primer lugar, y la socialista Ségolène Royal en el segundo. Pero con un 42% de indecisos cabe no menospreciar las posibilidades de los dos que les siguen, el centrista François Bayrou y el temido representante de la extrema derecha, Jean-Marie Le Pen.

 

¡Qué empiece la publicidad!

 

El 22 de abril, el día de la primera vuelta electoral, ya no queda tan lejos y la lucha por la presidencia no se contiene ante días festivos: ni por el conejo de pascua ni por el sufrimiento de Cristo se puede tener consideración mientras los votantes esperan, más en un Estado orgulloso de su laicismo como es Francia.

 

Así, comienza en pleno Lunes de Pascua la fase final de la campaña electoral. A partir de hoy, la publicidad está permitida y Francia se llena de carteles de Sarkozy, Royal y los demás. Cada candidato tiene derecho a 45 minutos de tiempo para hacer llegar su mensaje a través de la televisión pública, repartidos en pequeños spots de cómo máximo cinco minutos y medio de duración.

 

Decía François Miterrand, y él debía saberlo, que las dos últimas semanas son las que deciden las elecciones en Francia. Esta vez, el récord de indecisos convierte a la recta final en aún más significativa de lo que Mitterrand tuvo que vivir en su época. Pese a que existe ya una línea marcada, sería un error gravísimo pensar que todo está decidido.

 

Le Pen vs. Sarkozy

 

El primero en hacer hoy uso de su tiempo publicitario ha sido el mítico izquierdista José Bové, que también opta aunque con pocas probabilidades a la presidencia francesa. Bobé ha hecho un llamamiento a los “ecologistas y antiliberales de izquierda” para luchar contra la “derecha fuerte” como una “izquierda blanda” no puede hacer.

 

Y es que en la derecha francesa se desarrolla otra guerra por el voto que requiere de discursos nacionalistas muy agresivos. Aquí Sarkozy intenta ganarle terreno a Le Pen. El conservador sabe que mantener el tema de la inmigración en primera plana del debate electoral le favorece. Le favorece con respecto a su contrincante Royal. Que le favorezca con respecto al ultraderechista casi octogenario Le Pen no está tan claro.

 

Por ese camino, Le Pen puede herir fácilmente a Sarkozy: por ejemplo, recordando al ex ministro del Interior, como ha hecho hoy, que es hijo de un hidalgo húngaro y de una judía con orígenes griegos. “Yo soy el candidato de la tierra patria. Ahí reside una diferencia que para muchos franceses podría ser fundamental”, declaró Le Pen.

 

Todos puestos en duda

 

Según las encuestas, Sarkozy y Royal han perdido puntos porcentuales en las últimas semanas y se colocan con unos 29 y 22 puntos respectivamente entre los primeros en intención de voto. François Bayrou se mantiene en los 18 puntos porcentuales y Le Pen sube hasta los 15.

 

Le Pen sabe que parte con la ventaja del factor sorpresa: sus votantes no se suelen dar a conocer en las encuestas y comienzan a interesarse bastante tarde por la campaña electoral. Además, los que confiesan abiertamente su simpatía por el derechista son votantes mucho más seguros que los que siguen a los restantes candidatos.

 

Así logró Le Pen colarse en las pasadas elecciones en la segunda ronda de los comicios y así espera volver a hacerlo en esta ocasión. Y con el enorme número de franceses por decantarse, sabe Bayrou que él también tiene una oportunidad. Todo está abierto en Francia, porque dicen los institutos demoscópicos que los votantes “dudan de que alguno de los candidatos cuente con los requisitos que debe tener quien ocupa el máximo puesto de la política nacional”.

 

Vía: www.dw-world.de

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