U.E. En entrevista publicada por DW-WORLD a el europarlamentario Paul van Buitenen, expone las deficiencias de Oficina Europea Contra el Fraude (OLAF) para detectar y combatir la corrupción dentro de la Comunidad Europea, lo que demuestra que esta es una lucha que no hace distingo entre el primer y tercer mundo.

Paul van Buitenen es parlamentario del partido anti-corrupción “Europa Transparente”, que él mismo fundó. El holandés, de 49 años, se hizo conocido en 1999, al destapar un escándalo en torno a la entonces Comisaria Edith Cresson, que condujo luego a la renuncia de la Comisión Europea presidida por Jacques Santer.

Acá la entrevista de DW-WORLD:

El europarlamentario Paul van Buitenen no cree que la lucha contra la corrupción haya avanzado en Europa desde 1999, cuando sus denuncias derribaron a la Comisión de la UE. En entrevista con DW-WORLD explica por qué.

DW-WORLD: ¿Cómo evalúa el actual escándalo de los sobornos millonarios para conseguir licitaciones de la Comisión Europea?

 

Paul van Buitenen: Por lo que sé hasta el momento, no se trata de un caso de corrupción sistemática, sino sólo de un caso que puede ocurrir en cualquier parte, en instituciones europeas como en otros lugares. Habría corrupción sistemática si se descubriera que los órganos internos de control habían informado del caso, sin que se hiciera nada al respecto. Pero, por ahora, creo que los órganos que combaten los fraudes han funcionado correctamente y que todo ha funcionado como debiera.

 

DW: ¿Hay corrupción estructural en la UE?

 

PvB: La Oficina Europea contra el Fraude (OLAF) no tiene problemas para combatir casos externos de fraude en los países miembros. Pero cuando se trata de casos internos, en que los organismos de la UE han cometido fallas, es más difícil actuar. Formalmente, OLAF es independiente. Pero la oficina opera dentro de la Comisión de la UE, en su edificio, con sus redes computacionales y con investigadores cuyas carreras dependen de los procedimientos de la Comisión. La independencia existe pues sólo en el papel.

 

DW: ¿Cuáles órganos de la UE son especialmente vulnerables a la corrupción?

 

PvB: Por ejemplo la Comisión de las Regiones. OLAF ha investigado bien en ese terreno y ha confirmado que se cometen fraudes desde hace años. La Comisión tiene por cometido brindar a las corporaciones locales y comunales la sensación de que tienen derecho a voz en Bruselas. Sin embargo, ninguna decisión importante depende de la opinión de la Comisión de las Regiones. En consecuencia, se la podría abolir y ahorrar con ello 70 millones de euros. OLAF ha denunciado operaciones fraudulentas en varios informes. Por ejemplo, algunos miembros se asignaron ilegalmente sueldos extras. Pero cada vez la Comisión se zafa del problema asegurando que corregirá la situación. Y cada vez se produce luego un nuevo caso de fraude.

 

DW: ¿Cuál es la situación en el Parlamento Europeo?

 

PvB: Hay corrupción, pero en casos aislados. Siempre y en todo lugar existen conflictos de intereses. En realidad, los parlamentarios no deberían tener ningún tipo de intereses propios. Por ejemplo, si uno es miembro del consejo supervisor de un gran consorcio automovilístico, no debería elaborar en el Parlamento Europeo normativas sobre temas como consumo de combustible o especificaciones de construcción de vehículos. Pero yo no recorro el edifico con una cámara para ver qué hacen mis colegas. Prefiero concentrarme en grandes fraudes e irregularidades cometidas con recursos europeos. El Parlamento debería actuar con más vigor contra la corrupción, pero tiene menos instrumentos para hacerlo que, por ejemplo, el Bundestag en Alemania.

 

DW: ¿Qué medidas serían necesarias para combatir eficazmente la corrupción?

 

PvB: En países como Alemania u Holanda existen posibilidades de control. Hay organismos judiciales independientes y un parlamento fuerte. A nivel europeo, en cambio, no existe una democracia, sino una burocracia. Hay que decidirse: ¿queremos avanzar con la integración europea? Entonces tenemos que crear esas estructuras democráticas también a nivel europeo.

 

DW: Cuando Ud., en su calidad de funcionario de la UE, denunció en 1999 un escándalo que finalmente derribó a la Comisión Europea, sufrió luego las consecuencias. ¿Ha cambiado entretanto la situación?

 

PvB: Yo diría que incluso ha empeorado. Ahora existe una normativa que supuestamente protege a quienes hacen denuncias. Por eso, los funcionarios creen que pueden destapar escándalos. Pero cuando uno hace eso, es destruido porque la norma no funciona. Cuando un funcionario de la Comisión, como en el caso actual, está bajo sospecha de haber hecho licitaciones públicas falsas y de haber aceptado sobornos, al comienzo de la investigación sólo se lo transfiere para que no pueda hacer más cosas turbias; pero se le sigue dando empleo y sigue recibiendo su sueldo. En cambio, cuando gente denuncia irregularidades, como lo hice yo en 1999, es suspendida y, de ser posible, se le recorta la mitad del sueldo. Ahí hay algo que anda mal.

 

Vía: DW-WORLD

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