Potsdam, Alemania.  Los ministros de Medio Ambiente del G-8 y las cinco economías emergentes más grandes del mundo se reúnen en Potsdam. Preparan la gran Cumbre de junio. ¿Qué más cabe esperar de un encuentro de este tipo?

Por dos días estarán reunidos en Potsdam los ministros de Medio Ambiente de los ocho países más industrializados del planeta, a los que suman los de las cinco economías emergentes más grandes de la Tierra: Brasil, México, India, China y Sudáfrica. Ni grandes declaraciones ni acuerdos se esperan de este encuentro. Se trata más bien de una preparación para la gran cumbre del G-8 que, bajo la presidencia de Angela Merkel, tendrá lugar en junio.

 

La importancia del encuentro radica, precisamente, en ello: se supone que se trata de preparar los pasos que seguirán al Protocolo de Kyoto, que expira en 2012, que tiene como fin reducir la emisión de gases de efecto invernadero hasta esa fecha. El documento no vinculante pretende que cualquier acuerdo internacional incluya objetivos de reducción a largo plazo de las emisiones para países desarrollados, objetivos para países en desarrollo y medidas para reducir la deforestación.

 

Pocos días después de haber acordado a nivel de la Unión Europea una reducción de C02 del 20 por ciento hasta 2020 -una medida ampliamente reconocida- este encuentro tiene lugar en terreno abonado. A las grandes palabras y los grandilocuentes anuncios del gobierno alemán deben seguir  hechos concretos y también en casa, dicen diversos analistas, entre ellos Martin Kaiser, especialista de Greenpeace. 

 

Techo de vidrio

 

En contra de lo que uno creería, “en Alemania se hace muy poco en contra de la desaparición de los bosques. Greenpeace exige que las áreas forestales se administren ecológicamente. Eso quiere decir que se saque menos madera del bosque, pero de manera que su utilización para muebles y para combustión siga siendo posible. Por otro lado exigimos que la determinación de zonas protegidas sea adecuada  a los estándares internacionales, es decir que un diez por ciento del área boscosa total esté bajo protección”, explica Kaiser a DW-WORLD.

 

“Exigimos del G-8, que Angela Merkel y los otros líderes de las naciones industrializadas pongan la protección de las selvas entre las prioridades de la agenda política. Y que acuerden un programa inmediato para  determinar zonas protegidas. Esto está ligado a grandes intereses, pues tiene que ver con regulaciones del comercio de madera y de combustible ecológico. En caso de que nada suceda, los bosques, pulmones de la tierra y claves en la reducción del CO2, no tienen la menor esperanza”, añadió Kaiser.

 

Lucifer con Belcebú

 

Olaf Tschimpke, el presidente de Nabu, la Asociación Alemana para la Naturaleza, hace explícitas también sus expectativas: “Sólo si los otros Estados del G-8 se comprometen a reducir sus emisiones de C02 en un 20% hasta 2020, los europeos podrán aspirar a la reducción del 30%”. Por otro lado, los cultivos para aplicaciones energéticas tienen que ser regulados con estándares y sistemas de certificación. “De lo contrario estamos espantando a Lucifer con Belcebú”, declaró Tschimpke.

 

En resumen, hay muchos temas por tratar  en “un encuentro que reúne a representantes del conjunto de países responsable de dos tercios de las emisiones globales de gases de efecto invernadero y de tres cuartos del consumo de la capacidad biológica del planeta”, como declaró su anfitrión, el ministro alemán de Medio Ambiente, Sigmar Gabriel. En la medida en que es preparatorio del gran encuentro de junio, en el cual el Medio Ambiente será tema prioritario, cabría esperar que de Potsdam saliese un significativo impulso político internacional y, por qué no, manifestaciones concretas de la preocupación ecologista que el gobierno germano se ha puesto como bandera.

 

Vía: Deutsche Welle

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