En la edición de El Mercurio de hoy jueves 30, aparece la columna de Política Internacional de Karin Ebensperger, donde hace un interesante análisis sobre Álvaro Uribe, articulo que recomiendo y paso a reproducir:

KARIN EBENSPERGER

El Presidente de Colombia, Álvaro Uribe, es un estadista. Los filósofos políticos coinciden en que en esa categoría están los gobernantes que usan la autoridad legítimamente reconocida para promover el interés nacional. Un estadista es capaz de liderar para alcanzar el bien común, y al revés del populista, tiene una mirada de largo plazo que capta el Zeitgeist, o espíritu de los tiempos.

En la globalización, los Estados deben compartir el poder con la sociedad, la enorme trama de intereses de los individuos. Sólo los gobernantes capaces de inspirar para que surja el talento natural de la gente y la energía de las personas podrán afianzar sus países en la nueva economía.

Uribe está haciendo una diferencia en América Latina, donde todavía abundan caudillos cortoplacistas como Hugo Chávez, quien, como los anteriores gobernantes de Venezuela, sigue atando a su pueblo a la maldición del petróleo, al dinero fácil que se dilapida rápido.

Uribe ha manejado con seriedad la economía colombiana, que creció en el primer semestre un 6 por ciento.

Chile y Colombia acaban de firmar un tratado de libre comercio, para impulsar aún más una relación que ya ha significado la inversión de 3.500 millones de dólares por parte de empresarios chilenos en Colombia en la última década.

El Presidente Uribe fue convidado a exponer en la Enade, foro que agrupa a los empresarios chilenos para discutir la marcha del país.

Refiriéndose a las dificultades que ha enfrentado para lograr gobernabilidad tras años de luchas guerrilleras y extorsión de los narcotraficantes, dijo una frase que sacó aplausos: las cosas difíciles e importantes, explicó, se hacen con amor y dedicación.

Increíble si se analiza que sus logros han sido disminuir la violencia terrorista y transformar a Colombia en el mayor receptor de inversión extranjera en relación al PIB en la región.

Su fórmula es dialogar con cada sector del país, para lograr un cambio de mentalidad, un nuevo pensamiento que asocie la seguridad a la prosperidad. Es interés de todos que la seguridad no sea vista como una restricción de la libertad, sino como la condición que hace posible que lleguen los recursos, las inversiones, para lograr crecimiento y mayor equidad.

El terrorismo, dijo, debe ser derrotado por la convicción de la gente. La seguridad es el prerrequisito para la verdadera democracia y la construcción de instituciones. Uribe habló de libertad para emprender, de cohesión social, de transparencia… conceptos muy poco usuales hoy en América Latina.

Vía: El Mercurio

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