Por: Omar Reyes O.

El problema de la corrupción en la administración pública es obviamente algo malo, sin embargo como todo en la vida puede tener un lado positivo y es que al salir a la luz pública un caso de corrupción, esto nos da la oportunidad de hacer las correcciones para evitar que estos hechos se repitan.

Tenemos que reconocer que estos hechos no son privativos de un sector político en particular y que los actos de corrupción nunca van a dejar de existir, precisamente porque es parte del comportamiento humano y social y porque la corrupción es inasible, secreta y funciona oculta en las sombras.

La corrupción existe va a seguir existiendo mientras exista el clientelismo político, este sistema extraoficial de intercambio de favores con repartición de cargos y asignaciones de puestos como una forma de pago al trabajo partidista.

“En un sistema de clientelismo, el poder sobre las decisiones del aparato administrativo del Estado se utiliza para obtener beneficio privado; el patrón– sea directamente un funcionario él mismo, u otra persona dotada de suficiente poder como para influir sobre los funcionarios, toma decisiones que favorecen a sus clientes, y que estos compensan con la perpetuación en el poder del funcionario implicado o de su entorno. La relación puede fortalecerse mediante la amenaza de utilizar esa misma capacidad de decisión para perjudicar a quienes no colaboren con el sistema.Tampoco podemos dejar de desconocer que las relaciones clientelares están profundamente arraigadas en la democracia latinoamericana, aunque no se limitan en modo alguno a ella”[1]

Lo importante de todo esto para nuestra sociedad es, no exagerar ni minimizar las situaciones de corrupción, porque la exageración tiende a polarizar las posiciones políticas por medio del aprovechamiento político, logrando con esto la inmovilidad para encontrar soluciones efectivas. Por otra parte, el minimizar estos hechos puede lograr un acostumbramiento en la sociedad frente a hechos de corrupción, lo que a todas luces es lo peor que le puede pasar a una sociedad, porque es el camino corto a la desintegración moral y cimiento para un estado predominantemente corrupto.

Por esto mismo hay que ser extremadamente drástico con la corrupción, pero a la vez, no hay que generalizar para no dañar a los miles de funcionarios que trabajan de manera honrada. Así como la corrupción no es patrimonio de ningún sector político, tampoco lo es la honradez, en la medida que se entienda esto como eje central de las medidas que se deben tomar, podremos combatir la corrupción de manera real.

Al gobierno le corresponde enfrentar el problema sin esconder la mugre bajo la alfombra, a los partidos políticos no hacer defensas corporativas de los involucrados en estos actos y a la oposición le corresponde no sacar provecho político de una situación que nos pone a todos en tela de juicio.

La suspensión de la militancia del Senador por la primera región Fernando Flores, a mi juicio, viene a demostrar que la práctica de las defensas corporativas solo logran que se vayan de la política los que deben quedarse y se queden los que deben irse.

[1] www.wikipedia.org

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