En el Informe sobre el desarrollo mundial, 2007: El desarrollo y la próxima generación se observa que hay ahora más de 1.300 millones de jóvenes en el mundo en desarrollo: la cifra más elevada de toda la historia.

En dicho informe se mantiene que el mero número de jóvenes puede desbordar la capacidad de los gobiernos de ofrecer servicios y empleo, “lo que plantea riesgos para sus países y para el mundo en general”.

Fotografía de: Zoomintro

[“El gran número de jóvenes que viven en los países en desarrollo ofrece amplias oportunidades al tiempo que plantea riesgos”, afirma François Bourguignon, Primer Vicepresidente y Primer Economista, Economía del Desarrollo, del Banco Mundial.

“Las posibilidades son enormes, pues muchos países tendrán una fuerza de trabajo más extensa y calificada y un menor número de dependientes. No obstante, estos jóvenes deberán recibir una preparación adecuada que les permita crear y encontrar buenos empleos”.]

De todas maneras, sigue diciendo Bourguignon, “si los gobiernos no pueden cumplir —hacer realidad— las expectativas de los jóvenes, es muy probable que surjan tensiones sociales en muchos países. Y ya sabemos que las tensiones sociales no son nunca buenas para el desarrollo”.
En el Informe sobre el desarrollo mundial, 2007: El desarrollo y la próxima generación se afirma que la falta de educación de calidad no es el único obstáculo que deben superar los jóvenes de hoy:

  • En cifras globales, casi la mitad de todos los desempleados son jóvenes
  • Las tasas de desempleo de los jóvenes son dos o tres veces mayores que las de los adultos
  • 500.000 jóvenes de menos de 18 años de edad son reclutados por el ejército y grupos paramilitares
  • Unos 300.000 jóvenes de menos de 18 años han intervenido en conflictos armados en más de 30 países de todo el mundo
  • Cada año, 13 millones de niñas de 15 a 19 años dan a luz
  • Los jóvenes representan casi la mitad de todos los nuevos casos de infección por el VIH.

Como Emmanuel Jimenez y Mamta Murthi, autores del informe de 2007, han descubierto mediante amplias consultas con jóvenes de todo el mundo, la juventud quiere que se tenga más en cuenta su opinión sobre su futuro.“Los jóvenes muchas veces tenían la impresión de que eran considerados como factores de riesgo, cuando en realidad querían ser valorados como factores de cambio, capaces de aportar enorme energía y entusiasmo a la empresa de la reconstrucción nacional”, afirma Murthi, coautora del informe.

Por otro lado, Jiménez, director del informe, sostiene que los países en desarrollo sólo tienen un pequeño margen de oportunidad si desean aprovechar el potencial ofrecido por este grupo de jóvenes, el más numeroso de la historia.

“Los jóvenes entrarán en el mercado de trabajo en un momento en que tendrán menos familiares a cargo”, afirma Jiménez. “Eso significa que habrá más personas trabajando, en relación con las que no trabajan. Pero esa oportunidad durará sólo unos 40 años en muchos países, ya que en algún momento la población envejecerá”.

Jiménez resume los desafíos que se plantean a los gobiernos del mundo en desarrollo si quieren invertir más en este número sin precedentes de jóvenes. Los desafíos son tres: oportunidades, capacidades y una segunda oportunidad:

“¿Tienen oportunidades suficientes de continuar aprendiendo en la vida? ¿Tienen la oportunidad de desplegar el capital humano que adquieren en el mercado de trabajo? El segundo desafío es el de las capacidades: posibilidad de elegir entre esas oportunidades, ya que de hecho los jóvenes toman decisiones sobre cómo desarrollar su propio capital humano”.

“El tercer desafío es el de la segunda oportunidad: en el supuesto, casi inevitable, de que los jóvenes u otras personas adopten decisiones erróneas, los jóvenes necesitan una segunda oportunidad”, concluye Jiménez.

Bourguignon ve en la educación el primer desafío fundamental que deben afrontar los gobiernos de los países en desarrollo.

Lo primero es asegurar que el proceso educativo sea adecuado y que los progresos conseguidos en los últimos decenios en la escolarización primaria continúen y se amplíen”.

Por su parte, Murthi ve en la educación un “enorme obstáculo para muchos jóvenes”.

“Hay en el mundo 130 millones de jóvenes que no han conseguido un nivel mínimo de alfabetización. Es mucho lo que los gobiernos pueden hacer para que los jóvenes superen esa barrera”.

Jiménez opina que los países “deben ofrecer oportunidades más amplias, más allá de la escuela primaria”.

“Una de ellas consiste en ofrecer más puestos escolares de nivel secundario e incluso terciario. Pero también es importante garantizar que la calidad de la enseñanza ofrecida sea lo bastante elevada como para permitir a quienes acaban sus estudios competir en el mercado de trabajo mundial”, mantiene Jiménez.

Bourguignon considera que, sin un nivel mínimo de educación escolar secundaria, es muy difícil que los jóvenes adquieran los conocimientos que necesitan para “vivir decentemente y contribuir al desarrollo de sus países”.

En opinión de Murthi, el mundo ha realizado grandes progresos para atender las necesidades de los niños, pero ahora debe centrarse en una segunda serie de cuestiones:

“Es cierto que continúa habiendo desafíos, pero la tasa de matrícula primaria es ahora mucho más elevada que hace 30 años. Más del 85% de los niños de los países en desarrollo están matriculados en escuelas de enseñanza primaria. Los niños ya no mueren por las mismas enfermedades infantiles que hace 30 años. La esperanza de vida ha subido enormemente”.

“Así pues, el mundo ha llegado a una fase en que existe una segunda generación de problemas. Los jóvenes van a la escuela, pero ¿están aprendiendo algo? Cuando termina la enseñanza primaria, ¿existen puestos para ellos en la enseñanza secundaria? ¿Encuentran empleo?”.

“Los jóvenes encuentran ahora riesgos para la salud muy diferentes de los de hace 30 años. Entonces no había VIH/SIDA. Por ello, en el informe se hace hincapié en la próxima generación de problemas que el mundo debe considerar ahora”.

Via: Chile Potencia Alimentaria, Banco Mundial

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